El privilegio de morir siendo Virginia
Una crítica en base a Un corazón sencillo de Gustave Flaubert
Un corazón sencillo fue escrito por Gustave Flaubert en 1875; sin embargo, el escenario que nos plasma sobre cuánto vale la vida de una persona con dinero y de una humilde se mantiene hasta hoy, dos siglos después.
En un momento cumbre de la historia, Víctor, el sobrino adorado de Felicidad, la criada, mantiene a su tía en ascuas al no tener noticia alguna sobre su paradero luego de emprender una travesía a tierras desconocidas, al poco tiempo, llega una carta, la cual la criada no puede leer por su propia cuenta y tiene que acudir a su ama para enterarse: su Víctor ha muerto.
Lo único que sabe además de eso es que quien lo atendió sintió alivio de no tener que cargar con una persona más.
Felicidad no tiene a quién y no sabe a dónde acudir para saber más sobre la muerte de su sobrino. Víctor murió en tierras lejanas y solo con esa información incompleta y dolorosa, Felicidad tiene que continuar con su vida al servicio de madame Aubain.
A la par, la pequeña Virginia empieza a tener problemas de salud, los cuales son atendidos con la urgencia debida, hasta el momento en el que fallece recibiendo todos los cuidados posibles, e incluso deslizando la duda de que pudo hacerse más, si hubieran contado con más médicos.
Virginia es llorada por su madre, su hermano y su devota sirvienta, quien atesora los recuerdos de su corta vida para preservar su memoria, de la manera en la cual nunca pudo hacer con su propio familiar; no porque lo quisiera menos, sino porque nunca tuvo la oportunidad.
Virginia es recordada en una tumba, la cual Felicidad visita a diario; mientras Víctor, no es más que otro grumete descartable para la sociedad.
Bien lo dijo madame Aubain: “Un grumete, un zarramplín, ¡vaya una cosa!... Mientras que mi hija…”
Han pasado dos siglos y la ficción de Flaubert sigue siendo un reflejo de la vida real, en el cual hay demasiados Victors, cuyas vidas desaparecen y se convierten en una cifra más; mientras que las pocas Virginias, sí pueden ser lloradas por sus seres queridos.
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