El colmo de llamarte Felicidad
Reseña de Un corazón sencillo de Gustave Flaubert
Felicidad era
una criada cuyo nombre representaba una ironía en sí misma. Era Felicidad, pero
su vida transcurría entre desgracias; aun así, vivía satisfecha con lo poco
bueno, lo mucho malo y todo lo demás que ocurría en medio de su vida rodeada de
burgueses, carrozas y títulos nobiliarios que iban perdiendo valor.
Gustave Flaubert
presenta así Un corazón sencillo, un
sencillo relato donde la acción de la historia, se encuentra dosificada en los
pequeños momentos de la vida: el día a día, la muerte, la salud y la enfermedad
que vamos conociendo a través de los ojos de Felicidad y su relación con su
ama, madame Aubain, quienes pese a ser de estratos socioeconómicos opuestos,
terminan experimentando vivencias similares: la pérdida del amor, la separación
y muerte de un ser querido, los achaques de la edad y la misma muerte, borrando
de esta manera esa barrera entre los de arriba y los de abajo.
Probablemente,
el mejor ejemplo se presenta ante las muertes de Victor, el sobrino de
Felicidad, y Virigina, la hija de madame Aubain, cuyos fortuitos fallecimientos,
terminan sumiendo a sus madres ─porque Felicidad quería a su sobrino como si lo
fuera─ en una tristeza desgarradora.
Es tan
importante este momento que, por primera vez en el relato, esa relación vertical
entre Felicidad y su ama, desaparece y es reemplazada por un fraterno abrazo
entre dos madres que han perdido a sus hijos y que intentan aferrarse a sus
recuerdos.
Ama y sirvienta,
pero, sobre todo, madres.
Dado los
infortunios de su vida, Felicidad podría considerarse un personaje
melodramático; sin embargo, su capacidad para sobreponerse y seguir
encontrándole vida a la vida ─como
entablando su amistad con el loro Lulú─ la vuelven un personaje enternecedor,
con el cual uno puede empatizar, por más que su historia ocurra hace dos
siglos.
Para quienes
leen Un corazón sencillo puede ser
irónico llamarte Felicidad y que tu vida esté plagada de tristeza, pero para
esta criada que viajó hasta otro pueblo para disecar el cuerpo de su amado loro;
la que salvó a los hijos de su ama del ataque de un toro; la que murió de cansancio
luego haber vivido mucho, llamarse Felicidad no era más que solo lo correcto.
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