Una sociedad a escala
Reseña de El señor de las moscas de William Golding
En 1945, el mundo era golpeado por
la Segunda Guerra Mundial, pero para el mundo de Ralph, Jack, Piggy y compañía,
lo único que importaba sobrevivir y mantener la cordura en la isla en la que
estaban varados.
Bajo esta premisa William Golding
desarrolla El señor de las moscas,
una novela que trasciende el tiempo con el drama de un grupo de niños que,
debido a un accidente de avión, pierden esa mirada inocente al enfrentarse a
los desafíos de una isla que se transforma en su nueva realidad en la cual
tendrán que definir una organización, un liderazgo y reglas; una pequeña
civilización dirigida por pequeños.
Sin embargo, como en toda sociedad,
las pugnas por el poder no estarán ausentes, acentuando la fragilidad de esta
organización de infantes forzados a ser adultos.
De esta forma, a lo largo de la
novela observamos como el pequeño Ralph, el líder natural, elegido por la
mayoría y que apuesta por el plan de mantener viva la hoguera para ser
rescatados, se enfrenta a Jack, otro niño que ansía liderar al grupo y que
discrepa con Ralph, considerando que es más importante buscar comida antes que
quedarse atado a una hoguera.
Vemos como, inicialmente, todos los
niños siguen a Ralph, pero cómo con el paso de los días, con el aumento del
hambre, la desesperación de no ser encontrados y la supuesta presencia de una
criatura aterradora llamada La bestia, empiezan
a tomar partido por Jack, la opción que les prometía resultados inmediatos (comida,
seguridad y la diversión de cazar).
El
señor de las moscas es una representación a escala de una sociedad como
cualquier otra, en la cual existe una persistente lucha entre posiciones
contrarias, que buscan la legitimidad de las masas a costa de todo, unos a
través de la razón; otros, del miedo.
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